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AFP - Los premios Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y Herta Müller coincidien en que la literatura ha sido una poderosa arma en la defensa de la libertad, al recordar sus experiencias en las dictaduras en América Latina o los regímenes comunistas en Europa del Este.Los dos autores sostuvieron el domingo un diálogo de casi dos horas ante miles de personas en la Feria del Libro de Guadalajara, oeste de México, el principal encuentro de la industria editorial en español, que se inauguró el sábado y concluirá el próximo 4 de diciembre.La conversación, moderada por el periodista y novelista español Juan Cruz, se centró en torno a cómo el ejercicio literario contribuye a fortalecer las libertades individuales y colectivas particularmente en los regímenes totalitarios."La literatura es uno de los grandes instrumentos de defensa de la libertad humana", dijo el peruano Vargas Llosa quien evocó cómo aferrarse a los libros como tabla de salvación le permitió sobrellevar la "sensación de humillación y asfixia que significa vivir bajo una dictadura", como le ocurrió en su juventud en Perú.Sin embargo, el autor nacido en Arequipa en 1936 recalcó que su primer encuentro con el totalitarismo fue a través de su padre, al que conoció a sus 11 años. "La figura autoritaria de mi padre me hizo descubrir la soledad, el miedo y el terror. Entonces, la literatura comenzó a ser un refugio que me devolvía la dignidad y la libertad", señaló.Por su parte Müller, de 58 años, que vivió hasta 1987 en el régimen comunista de Nicolae Ceausescu en Rumania, dijo que sin los buenos libros le habría sido imposible sobrevivir."Los libros que me mostraban lo insoportable de la vida, éstos eran los libros que con mas intensidad leía, que más significaban para mí", señaló la autora de 'En tierras bajas' y 'El hombre es un gran faisán en el mundo', al evocar su acercamiento a la lectura y luego a la escritura."En Rumanía la situación era horrible y no había salida. Muchos amigos estaban en la cárcel, otros morían asesinados, no había nada que comer y la gente moría de frío y hambre en las calles", recordó. Decidió escribir, dijo, "como un una necesidad de supervivencia, porque si no estaba perdida".Vargas Llosa, por su parte, señaló que pese a que en América Latina han abundado las "dictaduras corruptas, brutales y asesinas", no se comparan con los regímenes autoritarios, "pues siempre había espacios donde era posible respirar. No podían controlarlo todo".Contó, por ejemplo, que en su juventud, durante el régimen de Manuel Odría en Perú, "los periódicos y las radios mentían por convicción o por omisión" y estaba prohibido el ejercicio de la política, pero el gobierno no podía hacer nada contra la lectura de novelas.Ambos autores elogiaron al finalizar la charla al intelectual y ex ministro de cultura español Jorge Semprún, que falleció en París el 7 de junio y que durante la Segunda Guerra Mundial estuvo confinado en un campo de concentración, a propósito de un homenaje que se le rindió el sábado en la población francesa de Biriatou.Vargas Llosa recordó que Semprún "vivió la experiencia atroz del campo de concentración y salió de allí para dar un testimonio dramático y conmovedor, pero además reflexionó con gran inteligencia y gran lucidez sobre lo que estaba detrás de esa gran monstrousidad, que es uno de los horrores mayores de la historia de la humanidad"."Yo aprendí mucho de él", dijo de su lado Müller, quien contó que leer el conmovedor testimonio de Semprún le "ayudó mucho en su momento en Rumanía, cuando ya no sabía qué hacer".
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